13-10-2022

Ucrania es Vietnam

Por Ricardo Sarmiento (*) – SRSur News Agency

Los tiempos son distintos pero el análisis político, militar y sociológico es análogo. Ucrania es para Rusia lo que fue Vietnam para Estados Unidos, aún cuando nadie sepa cuál, cómo y cuándo será el final de esta guerra.

Todos tenemos más cerca en la memoria analítica el caso del enfrentamiento e invasión de Rusia contra Ucrania.

Hay países que tienen historia de fuerzas dominantes, expansionistas, cada uno en su tiempo y según sus culturas.

El expansionismo dominante utilizó la fuerza, por lo menos, desde el imperio romano hacia adelante sólo por marcar un hito en la historia de la humanidad. Pero antes de este capítulo histórico existió la esclavitud del pueblo hebrero en Egipto y otros procesos menos conocidos por su menor magnitud o por su falta de documentación.

Lo cierto es que Rusia tuvo esa pulsión expansionista y dominante en varios momentos históricos. Este país tuvo el esplendor de la Rusia zarista que constituyó un imperio pero que cayó asediado por una ideología de minorías vanguardistas que aprovecharon su tiempo para imponer sobre las cenizas zaristas el poder de los soviets. Y allí cambió de manos el poder político e ideológico pero no la vocación dominante y se constituyó la Unión Soviética, imponiendo su poder con todo el peso de la fuerza de las armas y del hambre, además de prácticas de suplantación o supresión étnica, del mismo modo que lo había hecho el zarismo con los pogroms.

La criminalidad del Estado soviético tuvo nombres propios y que dejaron una huella oscura en la historia de la humanidad. Vladimir Ilich Uliánov, alias Lenin, Lev Davidovich Bronstein, más conocido como Lev Trotski o en castellano, como León Trotsky, Iósif Stalin no fueron uno más benévolo que el otro sino que intentaron superarse o suprimirse entre ellos y alguno lo logró.

En las guerras internas o externas no existen los santos, sino las víctimas, los hombres y mujeres que combatieron con honor defendiendo valores, y los verdugos.

El actual líder ruso, Vladimir Putin es un claro emergente de esa cultura histórica del poder (que no es lo mismo que la cultura de los pueblos) y se muestra como el mejor alumno de sus antecesores y, quizá, también haya aprehendido algo de Hitler o, por lo menos, de Jospeh Goebbels.

Putin tiene la práctica de sus antecesores soviéticos de eliminar a sus opositores, concentra la pulsión expansionista y dominante de los zares, de los líderes soviéticos y del nazismo alemán. Usa la letalidad de sus recursos interna y externamente. Y utiliza la propaganda para anular o nublar la visión clara de su pueblo como lo hizo el mismo Goebbels siendo el propagandista de Hitler.

Pero éste líder ruso contemporáneo cometió, o comete, el error de creer que la fuerza es determinante para lograr minuciosamente cada uno de sus objetivos.

Anunció al mundo que usaría la fuerza si Ucrania se acercaba a la OTAN y el mundo lo creyó un bravucón de barrio. Y no es improbable que esa incredulidad ingenua de los grandes países haya potenciado su determinación expansionista.

Y para mostrar al mundo que tiene la suficiente vocación dominante, anunció que avanzaría y, efectivamente, lo hizo el 24 de febrero de este año 2022. Y por sí o por su entorno, hizo saber al mundo que estaría ocupando Kiev, la capital de Ucrania, en tres días.

Sin embargo, a 216 días de iniciado su ataque invasor sobre Ucrania, sus tropas están retrocediendo, como le sucedió a Napoleón, como le sucedió a Hitler y como le sucedió a Estados Unidos en Vietnam.

Sucede que el poder de la fuerza dominante desde la política o por medio de las armas, no siempre tiene la misma fuerza de la vocación de libertad o autonomía de los pueblos.

La historia muestra la enorme capacidad de resiliencia de los pueblos sometidos. Desde la esclavitud judía en Egipto, hasta nuestros tiempos. La fe que une al judaísmo hace que la diáspora sea hoy una presencia global en casi todo el planeta porque la vocación de este pueblo estuvo marcada por la pulsión de la supervivencia.

Desde 1931 hasta 1945, Hitler se creyó invencible y superior al resto del mundo. Como Japón se había creído más fuerte que la cultura china por décadas. Como Napoleón pensó que podía dominar hasta el más crudo invierno del planeta habitable.

Estados Unidos tuvo 10 años de presencia en Vietnam hasta que debió evacuar a sus últimos 4.000 hombres.

Un poeta, Ho Chi Min, fue más fuerte con su voz sobre la conciencia del vietnamita y el pueblo de Vietnam resistió con cada hombre, mujer y niño que dieron sus vidas para liberarse de la ocupación estadounidense. Los lazos culturales de un pueblo fueron más fuertes que el armamento más letal y sofisticado de ese tiempo, aunque luego ese mismo pueblo que venció a un gigante no puede aún conocer o asimilar el concepto de la libertad universal que se declama para el espíritu humano desde la Revolución Francesa.

En Argentina contamos también con una historia similar en el llamado Éxodo jujeño. La superioridad militar española fue vencida por el pueblo jujeño que dejó tierra arrasada para que el colonialismo español no tuviera oportunidad de ejercer su fuerza sobre un ejército independentista con sobrado coraje pero con pocos recursos.

En Ucrania está sucediendo lo que sucedió históricamente con cada pueblo que sufrió el avasallamiento de las armas sobre sus bienes, sobre su libertad y sobre sus vidas.

Cada vez que un pueblo tuvo fuerzas para sobrevivir, luego juntó fuerzas para renacer como el fénix.

Hoy los hombres de Ucrania juegan sus vidas con una motivación cultural que no tiene el ejército ruso pretendidamente superior a la conciencia de un pueblo.

En otro tiempo, con la ventaja o la desventaja de la tecnología aplicada a las armas, los ucranianos están demostrando al mundo que no tienen voluntad de resignar su libertad y abandonar sus tierras, sus bienes y sus raíces sino que quieren preservar su identidad como unidad social, como pueblo.

Y esa pulsión por preservar la vida, la identidad y la libertad, es más fuerte que la prepotencia de las armas o de los psicópatas perversos como fue en el caso de Hitler, o como lo es el caso de Vladimir Putin.

Por esto Ucrania es Vietnam para Rusia. Una potencia militar que amenaza al mundo, como lo hizo Hitler, no puede vencer la cohesión sociológica de Ucrania, en donde los hombres van al combate y las mujeres tejen redes de enmascaramiento para aportar alguna forma de protección a sus hombres, novios, hermanos, maridos o padres.

Tal vez los diez años de Estados Unidos en Vietnam sean los 200 o quizá 300 días de Putin en Ucrania. Pero sea el tiempo que dure la actividad bélica, la reacción de un pueblo ya demostró que se puede derrotar a la soberbia.

¿Y cuál será el fin de esta guerra? Si bien nada es predecible, lo que puede percibirse es que Putin se asemeja más a la personalidad de Hitler que al pragmatismo estadounidense que tuvo el sentido común de retirarse de cada escenario cuando comprendió su error o su fragilidad social. Para Putin, en cambio, no existe en su interior la opción de retraerse por propia voluntad y declinar la fuerza en favor de la paz.

Para Putin es más probable que sus opciones estén más cercanas a las vivencias y a la terquedad de Hitler. Putin no cederá. Su fin estará en la derrota, o en la rebelión de sus ejércitos o de su propio pueblo, o en la dramática decisión de ponerse fin a sí mismo. Pero difícilmente Putin hará propia la opción de rendir sus armas.

Y si Ucrania es para Rusia lo que fue Vietnam para Estados Unidos. Hitler es para Putin el espejo retrovisor en el que se refleja su futuro.

Y la esperanza es que Ucrania puede vencer, y reconstruirse, como lo hizo Europa en la segunda guerra. Y es Vietnam que puede vencer al más poderoso de su tiempo como Ulises venció a Goliat. Y Ucrania, para Rusia es Vietnam, pero con una convicción democrática y una vocación de libertad que la mantenga libre de opresión interna o externa. El mundo espera un buen final y el único buen final es la paz que permita restañar las heridas de los hombres, y la historia de los pueblos.

(*) Periodista Argentino, Consultor Estratégico, Analista de Economía y Geopolítica.