07-08-2013

Punto de no retorno en la tensión de la campaña

Por Mariano Pérez de Eulate (*) – Columna del diario El Día de La Plata

Mariano Pérez de EulateEl episodio del robo al domicilio del tigrense Sergio Massa parece haber marcado un punto de no retorno que excede lo verbal en la relación entre éste y el cristinismo duro, espacios que se enfrentarán primero en las PASO del próximo domingo y más tarde en las legislativas de octubre. Parece difícil que, sea cual sea el resultado electoral, el líder del Frente Renovador y la Casa Rosada encuentren margen para una mínima convergencia a futuro.

Ya lo había anticipado Massa antes que saliera a la luz el episodio que involucró al prefecto Alcides Díaz Gorgonio pero diez días después de que sufriera el asalto revelado durante el fin de semana último: “Me voy del kirchnerismo para no volver”. Acaso hablaba en ese momento desde el convencimiento de que no había sido víctima de un típico episodio de inseguridad sino de una operación planificada, como denunciara hace dos días su esposa, Malena Galmarini, que además es un cuadro político joven del peronismo del norte del conurbano.

MUCHO EN JUEGO

La virulencia que fue tomando la campaña electoral de cara a las Primarias, con insultos, chicanas, incidentes raros como el ocurrido en Tigre y proliferación de rumores, habla de que, evidentemente, en este proceso electoral se juega algo bastante más profundo que la definición del próximo Congreso.

El peronismo, actor central del comicio en sus varias expresiones, está crujiendo. Se acerca, eventualmente, a la posibilidad de una redefinición de liderazgos dos años antes del recambio presidencial. No es poca cosa en un partido que viene de una década de conducción férrea con aires sureños.

En este sentido, resulta muy interesante comprobar que no se han escuchado las voces de los intendentes del conurbano, sostenes del llamado aparato del PJ oficial, en defensa de la tesis del Gobierno según la cual Massa se auto robó o, al menos, montó una operación política en su propio hogar para victimizarse y perjudicar a la Rosada.

Ningún colega del tigrense, que también juegan la revalidación de sus propios liderazgos distritales, parece dispuesto a quedar en el medio de este intríngulis que está destinado a hegemonizar los pocos días de campaña que quedan hasta el domingo 11. No es tanto por solidaridad sino por autopreservación.

En cambio, sí habló Daniel Scioli, sostén principal de la campaña del candidato a diputado nacional kirchnerista Martín Insaurralde, diciendo que el robo al líder del Frente Renovador “me llena de sospechas”. También lo hizo su ministro de Seguridad, Ricardo Casal (de amistosa relación con Massa en un pasado no tan lejano, con veranos compartidos en Pinamar), resaltando el supuesto vínculo entre el prefecto-delincuente y el intendente de Tigre. Y por supuesto habló el propio Insaurralde, obligado por su extrema exposición de estos días, asegurando que él también tiene sus “dudas” sobre el incidente policial.

En verdad, Insaurralde debe estar maldiciendo que se le cuele un tema así de escabroso a tres o cuatro días de las PASO. Filtrado, encima, por sectores de la prensa indudablemente afines a la Casa Rosada. Imposible para él obviar la cuestión en sus apariciones finales e imposible no plegarse, aún con cierta destreza discursiva, a la hipótesis que deslizan desde Balcarce 50, a pesar de pueda sonar bastante disparatada.

La virulencia que fue tomando la campaña electoral habla de que, evidentemente, en este proceso electoral se juega algo bastante más profundo que la definición del próximo Congreso

El joven intendente de Lomas de Zamora, que evidenció un repunte notable en las encuestas y logró expandir su nivel de conocimiento pegándose como una estampilla a la Presidenta y al gobernador, ya había tenido que lidiar con otros tragos amargos e inoportunos en estas épocas electorales. Como el episodio del jefe del Ejército que respalda Cristina Fernández, César Milani, y las pruebas de su presunto involucramiento en el dispositivo de represión ilegal de la última dictadura; o la semana en condición de prófugo de la Justicia del ex secretario de Transporte Ricardo Jaime; o incluso los desastres ferroviarios que pusieron bajo la lupa toda la política oficial en esa área.

Incluso, algunas fuentes del kirchnerismo aseguran que Insaurralde habría evidenciado bastante enojo por la difusión de los afiches callejeros que lo mostraron a él y a Cristina en un fugaz saludo al Papa Francisco en la reciente Jornada Mundial de Juventud realizada en Brasil, que aquí disparó un debate sobre la inconveniencia de usar la figura del Pontífice argentino con fines electorales.

El lomense, supuestamente enterado cuando los carteles ya estaban en la calle, no estaría para nada de acuerdo, dicen cerca suyo. “Yo sólo respaldo los afiches oficiales”, dijo para despegarse de esa gafe que habría terminado siendo una movida más contraproducente que beneficiosa. No es un secreto –porque firmó los afiches con su sello personal- que se trató de una jugada del publicista oficialista Enrique Albistur, ex secretario de Medios de la Nación.

Las versiones difieren: algunas fuentes del kirchnerismo dicen que fue una decisión inconsulta de “Pepe”, acaso para congraciarse con la Presidenta; otras, en cambio, aseguran que lo pidió justamente la Rosada, convencida de que eso ayudaría a ganar votos en un proceso electoral que para el Gobierno es vital porque, se repite, ya no se apuntaría a conseguir la continuidad más allá de 2015 –algo que parece bastante improbable- sino a preservar alguna porción de liderazgo político y partidario. La incógnita comenzará a develarse el próximo domingo.

(*) Periodista.