17-09-2013

El que no llora no mama

Por Artemio López

Artemio Lopez

Uno de los temas que más preocupa al conjunto de los trabajadores y al Gobierno Nacional es, a pesar de la baja de casi 20 puntos en la tasa de informalidad en la década ganada, la persistencia de altos niveles de trabajo ilegal, independientemente ya del nivel de desempleo y crecimiento económico.

Pareciera que la tasa de informalidad se ha estancado desde hace un trienio y no desciende al ritmo esperado o lo hace muy lentamente y sabemos qué implica para el trabajador hacerlo en la ilegalidad: ausencia de cobertura social y previsional y salarios promedios equivalentes al 60% de su par formal por igual carga horaria y actividad.

Una de las explicaciones posibles de la persistencia de alta tasas de informalidad laboral que indirectamente ya señaláramos en la nota de Télam, consiste en observar qué está sucediendo con el empleo industrial, en tanto es en el sector industrial donde se manifiestan mayores niveles de formalidad laboral y mejores salarios, a diferencia por caso del sector agropecuario donde, a pesar de las enormes tasas de ganancia del sector, los niveles de informalidad promedio superan ampliamente la media nacional y el salario medio del sector cae bien por debajo del promedio nacional.

Para observar entonces qué sucedió en la década con el empleo industrial extraemos del estudio «El empleo industrial: Balance de una década (2003-2012)», de Adriana Marshall y Laura Perelman, esta interesante reflexión entre la evolución del PIB y el empleo industrial, su productividad y la elasticidad empleo-producto en el período 2004-2011 que se desprenden del cuadro que abre esta columna:

«Se identifican entonces dos fases diferenciadas en el proceso de expansión industrial, una de ellas con fuerte crecimiento del empleo, que transcurrió entre 2004 y 2007 (con una tasa promedio anual de aumento del empleo del 6.8%), y la siguiente, que se desarrolló durante 2008-2011 (con un incremento promedio del empleo del 0.9% por año, incluyendo la retracción del -3.6 % en 2009) o, más estrictamente, la que siguió a la recesión de 2009, durante 2010-2011, con escaso reclutamiento y mayor dinamismo en el avance de la productividad, durante la cual el empleo creció en promedio un 2.3% anual.»

Como se observa, a partir de la crisis del Lehman Brothers y el impacto de la crisis de la 125, el empleo industrial detuvo su dinamismo y la tasa de crecimiento pasó del 6,8% anual en el lapso 2004-2007 al 0,9 anualizado en el período 2008-2011 y los datos actuales no mejoran la caída en el dinamismo.

Es sabido que el sector público fue el que, tras el inicio de la crisis internacional en 2008, se ocupó fundamentalmente de sostener el empleo directa o indirectamente, inyectando pesos al consumo doméstico con la mejora de salario, jubilaciones y pensiones, planes de asistencia o generando puestos de trabajo.

«El modelo nacional que se inaugurara en mayo de 2003 resultó muy eficaz para sostener los niveles de empleo en épocas de crisis, sin embargo este esfuerzo no alcanza para mejorar el nivel de formalidad del mercado de trabajo, dada la reticencia evidente del sector industrial.»

Así el Gobierno Nacional fue capaz de sostener en baja la tasa de desempleo que durante la crisis pasó del 8% en 2008 al 7,2% en 2013, mientras que en otros momentos de la historia reciente, por caso durante la crisis Tequila de mediados de los noventa en pleno festival neoliberal, el desempleo saltó por los aires pasando del 10,7% en 1994 a 18,4% en 1995 perdiéndose en un año 1,2 millones de puestos de trabajo.

El modelo nacional que se inaugurara en mayo de 2003 con Néstor Kirchner y hoy conduce Cristina Kirchner resultó muy eficaz para sostener los niveles de empleo en épocas de crisis y, sin embargo este esfuerzo del Estado Nacional, provinciales y municipales, no alcanza para mejorar el nivel de formalidad del mercado de trabajo, dada la reticencia evidente del sector industrial a la ampliación de la demanda de mano de obra para el sector a partir del año 2008.

Este comportamiento pro-cíclico y anti-empleo del sector industrial, que en medio de la crisis internacional detiene la expansión de la mano de obra, es sin duda uno de los cuello de botella a resolver mediante el conjunto de políticas que el Estado, los gremios y las patronales del sector juzguen adecuadas para restaurar el dinamismo del mercado de trabajo industrial perdido en el año 2008 y aún pendiente de recuperación.

Un sector como el industrial beneficiado por subsidios cruzados, mejoras en el consumo doméstico impulsadas desde el Estado Nacional, protección de importaciones que pudieran competir internamente, tipo de cambio competitivo, etc., no debiera renunciar a colaborar con la resolución de esta problemática de dinamizar el empleo como una de las tareas pendientes que los empresarios industriales deben intentar resolver superando el síndrome “Cambalache” popularizado sin pausa por el titular de la UIA Don Héctor Méndez, cuya consigna central es bien conocida: El que no llora no mama.

(*) Sociólogo. Director Consultora Equis. Especialista en estudios de mercado de trabajo, distribución del ingreso y pobreza. Consultor en opinión pública. (Telam)