23-11-2013

El kirchnerismo lo hizo de nuevo

Por Federico Vázquez (*)

Federico Vázquez

Hasta ayer nomás la oposición política y mediática estaba enojada con el presidente de la Corte Suprema, porque creían que el fallo a favor de la Ley de Medios les había arrebatado unos cuantos días de algarabía pos electoral. El ministro Lorenzetti ya puede dormir tranquilo: el retorno de Cristina Kirchner al trabajo y los posteriores anuncios de cambios en el gabinete volvieron las cosas a su lugar. Una vez más el gobierno demuestra una destacada capacidad para recuperar la iniciativa política y hacer girar la agenda pública en torno a sus decisiones.

El retorno a las tareas de gestión por parte de la Presidenta tuvo una factura de videoclip. En lugar de un escenario protocolar, con un Jefe de Estado frente a un atril y un grupo de funcionarios, eligió una pose descontracturada. A pesar de que siempre el destinatario es múltiple, prevaleció el mensaje a la población: el descanso impuesto por la fatiga del cuerpo volvió en el mismo registro personal, casi de entrecasa. Cristina Fernández narró con palabras y gestos el inicio de la segunda etapa del gobierno, que inevitablemente tendrá un color distinto al bienio que comenzó en el 2011.

«Una vez más el gobierno demuestra una destacada capacidad para recuperar la iniciativa política y hacer girar la agenda pública en torno a sus decisiones.»

La pompa protocolar fue descartada, las alusiones a la política pura y dura fueron en elipsis. En ese sentido estuvo la renovada elección del PRO como contrafigura política e ideológica (cuando resaltó la carta del joven militante macrista agredido por los caceroleros en las escalinatas del Congreso), en un tono amistoso, de “adversarios” en lugar de “enemigos”, como gustan diferenciar las plateas opositoras. Lo mismo puede decirse sobre la mención al regalo de un militante kirchnerista que según la propia Presidenta nació en 1993. El futuro de la política, a pesar de la estigmatización mediática, siguen siendo los jóvenes, pareció querer subrayar la mandataria.

Pero cuando desde las redes sociales todo se aprestaba para un largo debate sobre la raza del canino venezolano que mostró Cristina desde la plataforma de Youtube, los cambios en el gabinete nacional volvieron a ubicar el debate en la arena de la política pura y dura. Si bien hasta el momento se registran cuatro cambios de envergadura (Economía, Jefe de Gabinete de Ministros, Agricultura y Banco Central), las luces de neón apuntan sobre las designaciones de Jorge Capitanich y Axel Kiciloff.

La llegada del chaqueño al cargo que hasta ahora ocupaba Abal Medina, puede entenderse como una sorpresa moderada. Como se resaltó desde un comienzo, Capitanich vuelve a un puesto que ya había ocupado en el caliente 2002, cuando Eduardo Duhalde fue nombrado presidente interino. No se debería exagerar el paralelismo: las épocas no podrían ser más distintas, como tampoco las motivaciones para la designación. Con las cartas de interpretación que se tienen al día de hoy (pocas), habría que concluir que la premisa más sólida apunta a que la Jefatura de Gabinete tendrá desde ahora una exposición pública mayor, preparando el terreno para una disputa que una reciente foto en el partido de Tigre deja al descubierto: la pelea por el peronismo será una clave de los 24 meses que median hasta la próxima elección presidencial. Las elucubraciones sobre la instalación de un candidato que herede el proyecto son más arriesgadas, y todo parece indicar que mucha agua deberá correr aún bajo los puentes de dos años “interesantes”, según la definición oriental de la palabra.

«El retorno presidencial deja muy atrás las pobres elucubraciones sobre las capacidades físicas y políticas de la mandataria y, en cambio, vislumbra una lectura atenta sobre el voto ciudadano de octubre.»

El nombramiento de Axel Kicillof al frente de Economía aparenta tener lecturas menos enigmáticas. Mucho se habló en los últimos meses de una conducción demasiado colegiada de las arcas nacionales. Lo central no ha cambiado: nadie puede imaginar un gobierno kirchnerista donde las decisiones más relevantes escapen a la órbita del sillón presidencial. Y sin embargo, la designación del que era hasta hoy un “primus inter pares” al frente del ministerio más sensible para la suerte del gobierno, parece transparentar una escala de confianza previa. Kilicolff había incentivado con entusiasmo decisiones nodales de los últimos tiempos: la recuperación de YPF y el programa PRO.CRE.AR lo tuvieron como actor de primera línea, por nombrar las más impactantes. En la suerte que tengan esos emprendimientos se juegan buena parte de las chances de continuidad del proyecto kirchnerista. Más disputada, como suele ocurrir con las jugadas menos favorables, es la paternidad de las restricciones para comprar dólares y la restricción externa de divisas. Y no casualmente, es ahí donde aparecen signos de algunas modificaciones al modelo económico. Como sea, la llegada Kicillof pondrá las barbas en remojo de los que plantearon como sentencia final el abandono de la estrategia de “trasvasamiento” generacional.

El kirchnerismo lo hizo de nuevo. A menos de un mes de la elección legislativa, el gobierno muestra iniciativa vuelve ocupar el centro de la agenda política. Agrade o disguste el rumbo elegido, el retorno presidencial deja muy atrás las pobres elucubraciones sobre las capacidades físicas y políticas de la mandataria y, en cambio, vislumbra una lectura atenta sobre el voto ciudadano de octubre. La política argentina, en general denostada por un sentido común todavía arraigado, suele ser analizada como un juego de sordos, que sólo espera un ordenamiento civilizado. Puede ensayarse una imagen contraria: la política tiene un ritmo vertiginoso, auspiciado por una sociedad demandante, con sus principales conflictos expuestos a la luz pública, y con actores políticos ansiosos por representarla. Nada mal cuando se están por cumplir 30 años de democracia.

(*) Periodista. Escribe en el blog Acquaforte y en el suplemento Ni a Palos. Forma parte del observatorio político Noticias del Sur.