28-06-2022

El derrocamiento, el gobierno y la ejemplaridad de Arturo Umberto Illia

Nota del Comité Provincia de la UCR (*)

Los intereses corporativos políticos y económicos gestaron, un 28 de junio de 1966, hace 56 años,  el golpe militar de Onganía.

 “El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas soy yo”, le dijo Arturo Umberto Illia a los militares que se apersonaron para indicarle que debía abandonar el despacho en la mañana del 28 de junio de 1966. No estaba solo. Lo acompañaban sus colaboradores que también resistían los embates. Luego llegó la policía con pistolas lanza gases y las milicias rodearon la Casa Rosada, y nueva una amenaza emergió: “Debe retirarse, caso contrario no podré garantizar la seguridad de las personas que lo acompañan”.

Illia esta vez no dudó, se retiró del lugar rodeado por su gente. Al llegar a la calle, y carecer de un automóvil – el suyo lo había vendido durante su presidencia- subió a un taxi y se dirigió a la casa de su hermano en Martínez. Se había consumado el golpe “Revolución Argentina” que ubicaba a Juan Carlos Onganía en la presidencia, un nuevo gobierno de facto, ante la impávida respuesta de la gente.

La humildad, honestidad y el ejercicio continuo de los valores democráticos serán siempre sinónimos de Illia. Y su acción de gobierno el eterno recuerdo de lo que implicaron los inmediatos y notorios resultados en la transformación de la Argentina.

Pero esto no fue suficiente, los intereses de los sectores económicos y políticos hicieron que en apenas dos años y ocho meses fuera derrocado.

El doctor en medicina graduado en la UBA llegó a la presidencia de la Nación el 7 de julio de 1963 con el 21,15% de los votos para la fórmula de la UCR del Pueblo, que compartía con Carlos Perette.

Desde entonces, se fueron sucediendo una serie de dificultades mientras su acción de gobierno se sostenía con medidas que indicaban un adelanto respecto a la realidad del país.

La falta de mayoría propia en la Cámara de Diputados, la existencia de las mismas cúpulas militares que derrocaron a Frondizi, la proscripción del peronismo, haber surgido de una línea interna más provincial que nacional (“Línea Córdoba”), el “Plan de lucha” de la CGT con jornadas de agitación progresiva hasta llegar a la toma de las industrias en todos los establecimientos, fueron los primeros escollos.

Después llegaron las presiones de la banca internacional, los laboratorios y las primeras incursiones guerrilleras en el país, que como contrapartida tenían a un jefe del Ejército, Juan Carlos Onganía, que expresaba su anticomunismo y repudiaba al castrismo y al peronismo de izquierda.

Hasta la visita de presidente francés, Charles De Gaulle, había provocado agitaciones. Y más aún la amenaza de Juan Domingo Perón de retornar al país, promovida por la Unión Obrera Metalúrgica.

El gabinete de Illia se integró con Juan Palmero en la cartera de Interior; Miguel Zavala Ortiz en Relaciones Exteriores; Leopoldo Suárez en Defensa; Eugenio Blanco y luego Juan Carlos Pugliese en Economía; Carlos Alconada Aramburú en Educación y Justicia; Miguel Ferrando en Obras y Servicios Públicos; Arturo Oñativia en Asistencia Social y Salud Pública; y Fernando Solá en Trabajo y Seguridad Social.

DESDE ALLÍ SURGIERON.-

  • La anulación de los contratos petroleros celebrados durante la presidencia de Arturo Frondizi, que ponían en serio riesgo la soberanía nacional.
  • El presupuesto para la educación: en 1963, su participación era del 12%, en el año 1964 del 17%, en el año 1965, del 23%.
  • El Plan Nacional de Alfabetización, cuya tasa de analfabetismo superaba el 10% de la población adulta, llegando a contar con 12.500 centros de alfabetización que albergaban a 350 mil alumnos, de entre 18 y 85 años de edad.
  • Fuerte impulso a las universidades, llegando a graduarse en su gobierno, solo en la UBA, 40.000 alumnos.
  • La Ley del salario mínimo, vital y móvil, y la constitución del Consejo del Salario integrado por representantes del Gobierno, los empresarios y los sindicatos. De esta manera se evitaba la explotación de los trabajadores en aquellos sectores en los cuales podía existir un exceso de mano de obra, aseguraba un ingreso mínimo adecuado y mejoraba los salarios de los trabajadores más pobres.
  • La Ley de Abastecimiento, que controlaba los precios de la canasta familiar y la fijación de montos mínimos de jubilaciones y pensiones.
  • La Ley Oñativia de política de precios y de control de medicamentos, congelando los precios a los vigentes a fines de 1963, y limitando la realización de pagos al exterior en concepto de regalías y de compra de insumos. También incluía un análisis de costos que permitió detectar muchos medicamentos que no eran fabricados con la fórmula declarada por el laboratorio y su precio excedía en un 1000% al costo de producción.
  • El fomento de la ganadería, con préstamos para incentivar las inversiones en su producción en momentos que la actividad padecía un fuerte deterioro.
  • Disminución de la deuda pública e impulso a la industrialización, con férreo control sobre las empresas del Estado.
  • El Producto Bruto Interno pasó del -2,4% en 1963 al 10,3% en el año 1964 y el 9,1% en 1965.
  • También tuvo un gran despegue el Producto Bruto Industrial: de -4,1% para el año 1963, al 18,9% en 1964 y el 13,8% en 1965.
  • La deuda externa disminuyó de 3.400 millones de dólares a 2.600 millones.
  • El salario real horario creció entre diciembre de 1963 y diciembre de 1964 un 9,6%. La desocupación pasó de 8,8% en 1963 a 5,2% en 1966.

Igualmente, para algunos pocos esto no era medida, y menos sus valores republicanos, austeros y decentes. Illia terminó en Cruz del Eje, Córdoba, residiendo en una casa sencilla y humilde, su única casa. Y pasó a ser el único presidente de la Argentina que no aceptó la jubilación.

(*) La nota fue publicada este martes en el portal www.radicales.org, medio digital del Comité Provincia de la UCR.