31-07-2013

Cotillón electoral

Por Ricardo Salas (*)

Ricardo SalasEl trayecto final de la campaña electoral hacia la elección primaria del 11 de agosto venidero sigue levantando temperatura en la provincia de Buenos Aires.

La lectura de las encuestas más serias recientes advierte un importante grado de polarización en la intención de voto bonaerense, pero también un alto nivel de indecisos.

«El único dato real como objetivo, siempre de acuerdo a los sondeos que difunden dentro de la gobernación, es que la brecha inicial entre los precandidatos a diputados nacionales Sergio Massa (Frente Renovador) y Martín Insaurralde (Frente para la Victoria) se acortó en términos de posibles porcentajes de voto en las PASO», aseguran en La Plata.

Lo demás son porfías de interpretaciones tan antojadizas como provisorias, siempre de acuerdo a los intereses electorales de cada fuerza política. Algunos arriesgan un «empate técnico», pero nada concluyente.

En ese esquema de pronósticos electorales, los postulantes del Frente Progresista, Margarita Stolbizer, y del Frente por la Libertad y el Trabajo, Francisco De Narváez, aparecen algunos escalones debajo.

Para los «colorados» del dernavaísmo, «Massa es y será siempre una pieza más del kirchnerismo»; por lo tanto, sus anuncios mediáticos forman parte de toda la «parafernalia marketinera» que caracteriza a la gestión del intendente de Tigre, ahora junto a los colores negro y rojo que identifican al Frente Renovador.

Para el diputado nacional y candidato a renovar su banca por el Frente Progresista, Cívico y Social, Ricardo Alfonsín, el kirchnerismo y el espacio que conduce Massa «tarde o temprano se van a unir».

Puede que exista una «operación» de cambio de clima electoral, advirtiendo una derrota no muy dura para el oficialismo K en la provincia.

Resulta creíble esta etapa de noviazgo del oficialista Frente para la Victoria con el gobernador Daniel Scioli; lo que no es verosímil es una reconciliación del gobierno nacional contra el malhumor social que pueda llegar a traducirse en votos en términos electorales.

La inseguridad –la Casa Rosada no menciona ni reconoce el crecimiento de ese flagelo en toda la provincia de Buenos Aires–, sumada a los vaivenes económicos y algunos episodios puntuales vinculados con la corrupción, salpican a la Casa Rosada.

Scioli pasó de marginado en el armado de las boletas de renovación legislativa por el Frente para la Victoria a ocupar el rol de actor protagónico de la campaña electoral del oficialismo kirchnerismo-cristinista.

Básicamente, la estrategia gira en torno al clima de excitación que despiertan un par de encuestas privadas sobre intención de voto en el electorado bonaerense. Dentro de la gobernación de calle 6, el sciolismo jamás cede algún lugar para el pesimismo.

«Ya sea en las primarias del 11 de agosto o en las elecciones generales de renovación legislativa de octubre, ya ganamos», repiten no pocos sciolistas, resaltando que el «esfuerzo y respaldo» del gobernador durante la actividad proselitista, virtualmente le estaría permitiendo una mejoría electoral al primer candidato a diputado nacional del Frente para la Victoria por Buenos Aires, Martín Insaurralde.

«Por más que Massa obtenga un triunfo electoral, la victoria política es de Scioli», repiten estrategas del gobernador, porque el «día después» del resultado electoral que arrojen las urnas no existe ninguna chance de transferencia de poder en general.

El primer dato que resaltan es la valoración positiva que tiene la imagen de Scioli según encuestas entre el electorado bonaerense. Eso, en principio, le permitiría ubicarse como referente nacional del peronismo que decidió permanecer bajo el paraguas del oficialista Frente para la Victoria y, segundo, «medir» como potencial sucesor presidenciable en reemplazo de Cristina Fernández.

Es una interpretación lógica ensayada desde el sciolismo puro. Se sabe, en estos 4 meses de paz provisoria que el gobierno nacional, por razones de conveniencia electoral, decidió adoptar con la administración Scioli en la provincia, no sufrirá ningún tipo de asfixia financiera; pero después de la «foto electoral» de octubre será «barajar y dar de nuevo», advierten espadas kirchneristas. En definitiva, la valoración que hace hoy la presidenta Cristina Fernández de Kirchner hacia Scioli no es concluyente en el tiempo.

El cruce de chicanas sobrevuela también las redes sociales. «Empezó a desinflarse el fenómeno Massa», disparan desde el oficialismo. Para los operadores del «massismo», la «operación» para adjudicarle a Scioli el repunte de Insaurralde «llega a su fin».

En las últimas semanas, el gobernador Daniel Scioli participó en casi todas las movidas vinculadas a la campaña electoral del Frente para la Victoria. La mayoría de ellas, junto a Insaurralde, el candidato del kirchnerismo en la Provincia, hasta le armó una «reunión de equipos técnicos» en el Salón de Usos Múltiples de la gobernación y exhortó a su gabinete ministerial y todos sus funcionarios a «militar» el apoyo popular de la lista kirchnerista del Frente para la Victoria.

Es que, pese a que no es candidato a nada, las primarias del 11 de agosto también implican una apuesta fuerte para Scioli. Necesita reforzar su gobernabilidad para completar su segundo mandato en la Provincia, aunque insista en aclarar que su activa participación en la campaña electoral no implica ningún cambio en la relación con el Gobierno nacional.

Para no pocos dentro del Frente Renovador de Massa, las venideras elecciones legislativas en la provincia actuarán como trampolín para el 2015. Por eso subrayan estar en el umbral de un proyecto «esperanzador», que procura que la «agenda de problemas cotidianos de la gente sea la agenda de la política».

En ese contexto de cotillón electoral, el kirchnerismo ortodoxo le imputa «ambigüedades y puro marketing» a las demás opciones opositoras contra el rumbo del proyecto nacional que lidera la presidenta Cristina.

«Los compañeros se sacan una mochila de encima cuando los intendentes que formaban parte del proyecto nacional por una actitud especulativa asumen otros horizontes», sostuvo el vicegobernador Gabriel Mariotto, aludiendo a los jefes comunales que ahora reportan a Massa.

Con toda esa pirotecnia verbal y electoral de fondo, la utilización de un tema tan sensible como la grave crisis de inseguridad, como estrategia de campaña potenciada mediáticamente, es arriesgada.

De hecho, que la inseguridad figure al tope de la agenda de preocupaciones ciudadanas está dando la pauta del recrudecimiento cotidiano del delito no sólo en el conurbano sino también en las grandes ciudades de la provincia. Además, hay un crecimiento inédito de la droga, y sobre todo de la utilización de la misma para perpetrar ilícitos violentos.

Legisladores que ahora responden a Massa aseguran que, muy por el contrario, lejos de ser una estrategia de campaña, existe un «plan concreto» que el FR tiene previsto impulsar tanto en el Congreso de la Nación como en la Legislatura provincial.

Como botón de muestra, los jefes de los bloques de diputados y senadores del Frente Renovador en la Provincia se exhiben dispuestos a explicar los lineamientos generales del paquete de proyectos sobre seguridad y justicia que ingresó al parlamento bonaerense.

A priori, el paquete legislativo que presentó el FR endurece las penas, descentraliza la Justicia llevando jueces y fiscales antidroga a toda la provincia, limita las excarcelaciones, termina con el arresto domiciliario y protege definitivamente a la víctima con nuevos derechos.

«Massa juega el papel que jugó De Narvaéz en las legislativas de 2009, en torno del ‘plan’ para combatir esta problemática ciudadana», chicanean desde la gobernación.

Es que el Frente Renovador apuntará, de aquí a las PASO, a sumar votos entre quienes antes respaldaron electoralmente al «Colorado» en las urnas por la estructural crisis de inseguridad.

La estrategia seguramente se profundizará de cara a las elecciones generales de octubre.

El sciolismo salió en defensa de la gestión provincial a través de la ministra de Gobierno, Cristina Alvarez Rodríguez, quién detalló los logros en materia de seguridad en los últimos cinco años, como «el aumento en un 278 por ciento del presupuesto del Poder Judicial, la descentralización de 269 Fiscalías y Juzgados de Garantías y del Tribunal de Casación Penal; la media sanción del juicio por jurados y la creación de 12 escuelas descentralizadas de Policía», entre otros.

Después fue el turno del ministro Ricardo Casal (Justicia y Seguridad), quien en principio se mostró satisfecho con las propuestas de la oposición para luchar contra la delincuencia, aunque les reclamó que «no» sean iniciativas difundidas sólo por la «coyuntura electoral».

«Lo que plantea Massa no es nada nuevo. Adhiere a lo que viene haciendo desde 2007 el gobierno de Scioli», insinuó Casal.

Si bien Insaurralde ya admitió públicamente que una de los aspectos que el gobierno kirchnerista debe mejorar es su gestión en materia de seguridad, también sostuvo que a la opinión pública «no le hace bien que le prometan cosas que no se puedan realizar».

Por muy poco Insaurralde no parafraseó a su vecino de Lomas de Zamora y expresidente Eduardo Duhalde, cuando años atrás utilizó aquella frase de que «no hay más mentiroso que político en campaña».

«La magia está en los circos», dijo el presidente del bloque de diputados del Frente para la Victoria, Juan de Jesús, sobre los proyectos del massismo contra la inseguridad. También agregó: «Hace cuatro meses que está conformado el Frente Renovador con siete diputados, y recién ahora se dan cuenta de que es un tema que hay que atender». De Jesús, por las dudas, agregó: «Buscan temas que a la sociedad le gusta escuchar, no son sinceros, son oportunistas que manipulan a la gente».

Para el denarvaísmo, también los anuncios de proyectos del massismo contra la inseguridad son propuestas de marketing electoral.

Probablemente, en la futura agenda legislativa haya que lograr un trabajo en conjunto de todos los niveles del Estado, con participación de la sociedad, pero trazando metas que se puedan cumplir para no tener que recurrir al «maquillaje» habitual.

(*) Periodista. Columna del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca.