12-08-2013

Con Insaurralde, el kirchnerismo se enfrenta ahora a un complejo desafío

Por Mariano Pérez de Eulate (*), columna del diario El Día de La Plata

Insaurralde, Cristina Kirchner y Scioli, en el búnker en el Hotel Intercontinental.

Insaurralde, Cristina Kirchner y Scioli, en el búnker en el Hotel Intercontinental.

Para ninguna de las fuerzas que participaron ayer de las PASO y que lograron superar el piso mínimo de votos exigido, la foto de los resultados es absolutamente definitiva pero sí debe considerarse como una tendencia muy firme para las elecciones legislativas de octubre próximo. En esa línea, y según las cifras que se conocían al cierre de esta edición, dentro de poco más de setenta días el oficialismo se enfrentaría a una derrota en los principales distritos del país, incluida la provincia de Buenos Aires, considerada un bastión del kirchnerismo.

La pelea bonaerense es el escenario central donde se dirimirá el futuro del proyecto político que encabeza Cristina Kirchner y la pelea por el liderazgo del peronismo que viene. Ese es, precisamente, el desafío preponderante que deberá enfrentar Martín Insaurralde, carta fuerte del kirchnerismo, entre hoy y el día del comicio de octubre: intentar revertir esa primera encuesta cuasi desalentadora que dejó la Primaria para explorar la posibilidad de darle “sobrevida” al “modelo”.

Ayer, aunque técnicamente no pelearon entre sí, el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, mostró al electorado que puede vencer al kirchnerismo, dueño de un formidable aparato político-económico con supuesta especial incidencia en el conurbano. Es un mensaje fuerte, además, hacia dentro del PJ, donde suelen oler con una oportunidad notable los finales de ciclo. El propio oficialismo lo sabe porque fue beneficiario del instinto de supervivencia de ese aparato hace poco menos de una década, cuando recién arribaba al poder.

Es casi cantado que la polarización evidenciada ayer entre el FR y el FpV se acentuará de cara a octubre. También, que las campañas de estas dos fuerzas se hará bastante más dura: Massa seguramente profundizará el perfil diferenciador del Gobierno que le imprimió en los últimos días -antes, incluso, del misterioso robo a su casa- e Insaurralde deberá buscar, al menos, cómo recobrar aquellos votos que se le escurrieron al oficialismo respecto a las últimas dos elecciones.

En verdad, sería un error comparar el comicio de ayer con la presidencial del 2011, o aún con la Primaria de aquel año, que fue cuando debutó el sistema. En cambio, es más certero hacer la comparación con el 2009, año en que el kirchnerismo también perdió en la Provincia y en casi todo el país. En esa línea, la Rosada sacó ayer varios puntos menos que en aquel año olvidable.

Pensando en los últimos 24 meses de mandato de la Presidenta, lo mínimo que debería buscar en octubre el kirchnerismo en Buenos Aires sería mantener su propia fuerza. Pone en juego 13 bancas de diputados nacionales, incluidas las de su aliado Martín Sabbatella (de licencia por su asunción en Afsca) y la del sindicalista Omar Plaini, alineado con Hugo Moyano. La oposición, en conjunto, juega 22 lugares.

En pocos días se comprobará si Cristina y en especial Daniel Scioli le siguen poniendo el cuerpo a la campaña del intendente de Lomas de Zamora o si se despegan un poco ante el riesgo de que una eventual derrota en la legislativa los deje mal parados. En especial al gobernador, que tiene intacta su aspiración presidencial. Para Insaurralde, que por momentos pareció un actor de reparto en el proceso previo a las PASO, el dato es vital. Es que, del otro lado, Massa contará con la inercia favorable que le dará su actuación de ayer y podría llegar a ser depositario del llamado “voto útil”: el corrimiento de sufragios que apuestan a una derrota del kirchnerismo pero que en la Primaria eligieron otra fuerza que no fue la del de Tigre.

(*) Periodista.