14-01-2019

“Trapitos” y “lipiavidrios” dueños de la calle, en Capital y La Plata

En Buenos Aires todavía no se reglamentó la norma que prohíbe su accionar. En la ciudad de las Diagonales, sin regulación alguna, manejan el arte de intimidar para “exigir” un pago por sus “servicios”.

TrapitoAcá, en La Plata, porque no existe la norma y los concejales están en deuda. Allá, porque no fue reglamentada por el Poder Ejecutivo que encabeza Horacio Rodríguez Larreta. Lo cierto es que a más de un mes de su aprobación legislativa, la ley que prohíbe la actividad de los “trapitos” y “limpia vidrios” en Buenos Aires, está en veremos, mientras en las calles de la ciudad “soñada” por Dardo Rocha, estos personajes que “piden una contribución voluntaria por sus servicios” son una “pesadilla” en gran parte del microcentro y en estratégicos semáforos.

El reino del revés vuelve a imponerse. A un mes de la reforma del Código Contravencional, los “trapitos” siguen en actividad, imperturbables. Cuestionado por algunos, en tanto otros creen que su aplicación será conflictiva, el nuevo marco legal aprobado por la Legislatura porteña el 13 de diciembre pasado, prohíbe “prestar servicios de estacionamiento, cuidado de coches o limpieza de vidrios sin autorización legal”.

Las sanciones más leves consisten en uno o dos días de trabajo de “utilidad pública”, pero también hay multas y hasta días de arresto: entre cinco y quince si hay una “organización previa”, o dos meses para los “jefes y coordinadores”.

Sin embargo, ninguna de estas sanciones se puede aplicar hoy. Una vez que la Legislatura aprueba las leyes, éstas son publicadas en el Boletín Oficial y, luego, el Poder Ejecutivo tiene un tiempo indefinido para reglamentarlas.

En este caso, el encargado de elaborar un protocolo específico sobre cómo se sancionará a los infractores, es el ministerio de Seguridad porteño, que no respondió al ser consultado por Télam sobre cuándo se hará la reglamentación.

Mientras en la Capital Federal, entonces, se avanzó en materia normativa aunque todavía resta el paso final, en La Plata la legislación brilla por su ausencia.

En la ciudad de las diagonales resulta extremadamente dificultoso negarse a que los “limpiavidrios” que copan los semáforos “hagan su trabajo”. Caras poco amigables y el pedido de una dádiva es la respuesta inmediata e intimidatoria que obtienen los automovilistas, mientras los que reciben el servicio son “obligados” a pagar por algo que no requirieron.

Lo mismo sucede con los trapitos, que regulan el estacionamiento en gran parte del centro platense, a donde la Comuna ya cobra un canon por hora de estadía de cada vehículo. “Las cuadras están privatizadas”, se quejan quienes intentan dejar sus coches en determinado espacios a donde cajones, baldes u otros artículos sirven de vallas para resguardar los lugares reservados a quienes sí están dispuestos a dejar su contribución a los “trapitos”.

Claro está que existe cierta complicidad de algunos agentes de tránsito encargados de controlar el estacionamiento medido, al hacer la vista gorda o recorrer con muy baja frecuencia determinadas cuadras a donde los “trapitos” son amos y señores.

Con ese escenario, desde distintos sectores de la sociedad platense se asegura que “los concejales de nuestra ciudad están en deuda” con los vecinos, y se afirma que “es necessario el dictado de una ordenanza que prohíba esas prácticas extorsivas e intimidatorias” encarnadas por los “trapitos” y “limpiavidrios”. Porque en La Plata, claro está, mandan ellos.