20-03-2021

Macri

Por Pilar Rahola (*) – Columna del diario La Vanguardia

Pilar RaholaAyer participé, vía online, en la presentación del libro Primer tiempo , del ex presidente de Argentina Mauricio Macri. El acto fue tan transversal como plural la elección de oradores: Vargas Llosa, el ex presidente Sanguinetti, Fernando Savater y quien esto escribe, ideológicamente alejada de algunos de estos nombres. Nos unía, sin embargo, la convicción de que Macri fue el primer intento serio de cambiar el paradigma argentino, anclado desde hace más de cien años en un resiliente y letal populismo.

Es difícil imaginar un país con tantos recursos naturales y tanto talento humano, y, a la vez, tan dotado para el error político. A pesar de que los argentinos tienen un agudo sentido crítico, perceptible en los grandes escritores e intelectuales que han brillado en el mundo, ese sentido crítico no ha revertido en una masa social igualmente crítica.

Al contrario, en Argentina arraigó muy pronto un populismo que, como explica Ignacio Montes de Oca en su lúcido libro El fascismo argentino, bebió de las fuentes fascistas y que tuvo en Perón su máximo exponente.

Ese populismo peronista consiguió implantar la estructura del Estado paternalista que conciliaba una cierta idea de justicia social con una sumisión servil y sectaria al partido del Gobierno. “Un concepto religioso de la política”, en expresión precisa del propio Montes de Oca. Religioso, caudillista, mesiánico y, sobre todo, asentado en una sociedad concebida, no como un conjunto de ciudadanos, sino como una masa acrítica y dogmática. De ahí ha nacido la cultura del clientelismo sindical y la concepción de un poder magmático que, desde la Casa Rosada, controlaba al resto de poderes de la república, la opinión pública, la justicia, el Parlamento…

Los años del kirchnerismo fueron la última y más sórdida representación de ese poder autárquico que, mientras abusaba pornográficamente de la retórica del pueblo, creaba una estructura opaca, corrupta y despótica. No era la corrupción, solamente, sino el artefacto político que la convertía en impune.

Otra cultura del poder, que también fuera otra cultura de la ciudadanía

El proyecto de Cambiemos y el propio liderazgo de Macri intentaron el milagro de dinamitar esa estructura opaca, cambiar el paradigma político y dotar a Argentina de “otra cultura del poder”, que, al tiempo, también fuera otra cultura de la ciudadanía. Sin duda, un objetivo tan ambicioso como imposible en un solo mandato. Al fin y al cabo, Macri forma parte de ese tipo de políticos que no piensan en las ­siguientes elecciones, sino en las siguientes generaciones. Por ello tienden a perder en el presente, pero plantan simientes que cambian el futuro.

(*) Escritora, periodista y política catalana. Columnista fija del diario La Vanguardia de Barcelona.