09-09-2017

La saga de Santiago saca recuerdos preocupantes del pasado

Por Robert Cox (*) – Columna del Buenos Aires Times

Robert CoxDefiniciones sobre la desaparición de Santiago Maldonado del célebre periodista británico, editor del Herald durante la dictadura, en una dura columna de opinión que publicó en Buenos Aires Times. Se necesitó una tormenta de ira y marchas públicas para impulsar al gobierno a movilizar una operación de búsqueda masiva.


La desaparición de Santiago Maldonado ha despertado emociones y convocado recuerdos preocupantes del pasado. A medida que las mentiras fueron giradas, era evidente desde el principio de esta saga que el paradero de Santiago y su destino se estaban volviendo cada vez menos preocupación humana. Tanto el gobierno como la oposición se han revelado más preocupados por las consecuencias políticas y menos interesados ​​en el ser humano que debería haber sido el centro de atención.

Tomó una tormenta de ira pública y marchas por miles y miles de ciudadanos preocupados en Buenos Aires y en todo el país para instar al gobierno a movilizar una operación de búsqueda masiva.

Me horroricé cuando oí las mismas palabras que oí durante la dictadura. Una vez más los buenos buscaban disminuir la enormidad de un individuo desapareciendo negando que había ocurrido o tratando de explicarlo. Por otra parte, es igualmente inquietante saber que es más importante que las personas que se oponen al gobierno atribuyan la ausencia de Santiago a un acto deliberado de las autoridades y denuncien que fue víctima de una “desaparición forzada”.

Me arrastraron de vuelta al pasado cuando oí a buenas personas expresar su irritación con la causa, recordando una época en que los derechos humanos eran palabras sucias.

Es cierto que los derechos humanos se han politizado durante la última década, pero los juicios llevaron la luz de la justicia a una zona de oscuridad.

Los derechos humanos son importantes y deben ser primordiales en el estado de todas las democracias, particularmente la Argentina, que tiene una reputación internacional para preservar. Este país es ejemplar porque, utilizando el sistema judicial existente, los más altos oficiales militares y presidentes de facto fueron juzgados por crímenes de lesa humanidad.

Lamentablemente, el actual gobierno no ha adquirido ningún crédito y tiene escasa credibilidad cuando se trata de derechos humanos. Incluso el Presidente ha parecido burlarse de las organizaciones de derechos humanos y se ha referido a los derechos humanos como “una raqueta”.

El fracaso del actual gobierno en comprometerse con los derechos humanos ayuda a explicar por qué tanta furia fue despertada por su inepto manejo de la desaparición de Santiago Maldonado, supuestamente durante un enfrentamiento entre la Gendarmería y los militantes mapuches.

Mientras preparaba esta columna poco antes de la medianoche, escuchando a medias el programa “Codigo Politico” en la televisión, dejé de escribir. Escuché cuando aparecieron los matrimonios, diciendo que se habían presentado para decir que habían recogido a un joven el 22 de agosto mientras conducían cerca de Esquel, la zona donde se vio por última vez a Santiago Maldonado. Dijeron que reconocieron al hombre de las fotografías que han estado viendo en la televisión. Y que les dijo que había sido golpeado y robado.

Pensé lo maravilloso que sería si, como la pareja sugirió, hay una explicación inocente de su desaparición. Su reaparición no sólo parecería poco milagrosa, sino que actuaría como un viento purificador, barriendo toda la inmundicia que ha inundado las ondas, los medios de comunicación y las redes sociales durante el mes pasado.

Expondría la malicia y la hipocresía de los políticos de la oposición. Develaría las mentiras dadas por supuestos testigos de la “desaparición forzada” de Santiago que apuntaban con el dedo a los gendarmes. Y serviría como una lección para el gobierno de que hay un precio a pagar por no prestar suficiente atención a los derechos humanos.

(*) Ex editor del Buenos Aires Herald (1968-1979).