25-04-2017

El terror a octubre

Por Federico Depetri (*) – Especial de F5 Diario

macri cristinaSi hay una forma de definir lo que sucede en la política argentina de cara a las elecciones legislativas de octubre, es que estamos ante una campaña en ausencia.

A poco menos de seis meses de los comicios y a unos sesenta días para cerrar las listas, los interrogantes son el denominador común dentro de los distintos espacios políticos que jugarán sus fichas para lo que se viene.

En el oficialismo confían que harán un buen papel. Con sus figuras más destacadas jugando en las grandes ligas ejecutivas y con la decisión de Elisa Carrió de competir por la Ciudad, se asoman de a poco nombres para ir por la Provincia.

Esteban Bullrich y Facundo Manes aparecen como números puestos para ir a la cabeza de la lista de senadores y de diputados, respectivamente. Los avalan las encuestas y la determinación de que Mauricio Macri, en menor medida, pero sobre todo María Eugenia Vidal, serán las caras visibles de una campaña con la que el partido gobernante quiere meter un cambio más.

Ya circula como una verdad a medias que, de imponerse en estos comicios de medio término, el oficialismo trocaría su gradualismo por una etapa de ajuste hecho y derecho: el déficit preocupa y qué mejor que una doble certificación de las mayorías para ir hacia delante.

De todas formas, no hay nada dicho. Son pocos los nombres confirmados, pero sobran puntualmente las miradas de soslayo, para ver qué hacen los otros, qué cartas ponen sobre la mesa, qué quieren.

Y los otros son uno solo, y a la vez muchos. El peronismo, con el pulóver opositor que no deja de picarle, y que ve en la nueva elección que se aproxima una esperanza, pero también una compleja incógnita.

Florencio Randazzo, Cristina Kirchner, Daniel Scioli, Sergio Massa, Verónica Magario, son algunos nombres que ocupan el tablero de un ajedrez que dejó de ser tal y, por su complejidad, se asemeja más al del go, el milenario juego chino que lleva la estrategia a otro nivel.

En esta vereda, el miedo a octubre parece volverse más palpable, más físico, donde jugar capital político ante una posible derrota hace que se piensen dos, cien, mil veces los movimientos antes de hacerlos.

Dicen que Randazzo ya está lanzado. Que Scioli también, Que Massa, desde su campaña silenciosa, otro tanto. Y Cristina, a la que el peronismo ve con un ojo de una forma y con el otro de la otra, aparece como el gran signo de pregunta: una interna contra ella en las primarias sería complicada, ir por fuera en las PASO para evitarla, todavía más.

Es por eso que en el peronismo se miran entre ellos, no agotan las reuniones y las intrigas, pero nadie se anima a dar por sentado nada, el gran lápiz que diagrama las listas se aboca a un frenético borrador que cambia día a día.

Igualmente, la esperanza de un triunfo revitaliza al justicialismo, deseoso de ponerle freno a Cambiemos, de estructurarse en la victoria como una fuerza vital y dar lugar a un liderazgo, de esta forma, que los catapulte a recuperar el poder dentro de dos años.

El radicalismo, en tanto, buscará reproducirse al calor de Cambiemos, más allá de que los díscolos, con Ricardo Alfonsín como estandarte, sigan cuestionando a la alianza que los acercó al poder después de unos buenos años.

Por ejemplo, Juan Manuel Casella, figura de la UCR en los ochenta, sostuvo que el centenario partido corre riesgo de extinción por absorción del PRO, por insignificancia y por fracaso. Mientras exista peronismo, nadie arriesgaría ese pronóstico.

Y en ese terror a octubre, donde la ambición y la proyección hacia 2019 se mezclan con la intriga y el fuego amigo, se forma el cocktail amargo pero necesario en una dirigencia política con sed, algunos, y con ganas de seguir brindando, otros.

(*) Periodista, editor de política de F5 Diario.