23-03-2017

Echarren, cuando la sangre es más espesa que el agua

Hay un refrán para hablar de la contundencia genética frente a las intenciones de las circunstancias, que dice que “la sangre es más espesa que el agua”, un dicho que habla no sólo de la densidad de los líquidos sino que, como una marca de la fatalidad, define que buena parte de lo que somos está regido por lo que arrastramos bajo la piel.

vidal-echarrenY esa frase bien podría aplicarse a Francisco Echarren, el intendente peronista de Castelli, que en pocos meses pasó de decidir cambiar de vereda y sumarse al gabinete provincial de María Eugenia Vidal, a desandar sus pasos para volver al pago chico. El llamado de la naturaleza.

Designado como subsecretario de Tierras, Vivienda y Hábitat, Echarren fue uno de los dirigentes opositores que no dudaron en entrar al círculo de confianza de la mandataria bonaerense, en momentos donde todo era fascinación, números de confianza contundentes y la esperanza de un futuro promisorio.

El jefe comunal no sería ni el primero ni el último peronista en actitud camaleónica, y el alejamiento del ala de Julio De Vido y Los Octubres, primero, y del Grupo Fénix, después, sólo puede ser leído en clave de conservación de la especie o como una muestra más de adaptabilidad sin culpas.

“Cada elección me va a encontrar dentro del peronismo”, dijo ahora  Echarren a Letra P, un enunciado que desnuda su estrategia: mientras suenan los tambores de la batalla electoral, el Intendente se repliega a su zona de confort para encarar la contienda al calor del movimiento, que más allá de los golpes nadie sensato se atrevería a asegurar que está fuera del cuadrilátero.

Tampoco el gobierno de Vidal es el mismo que cuando se sumó: el desgaste de la realidad, la erosión del extenso conflicto docente y el efecto mariposa de las complicaciones nacionales hacen que el jefe comunal olfatee algo por afuera y no dude en seguir su instinto.

Sin embargo, desde la Provincia salieron a desacreditarlo. Hablan de una gestión poco satisfactoria y de la intención de su superior, el ministro de Infraestructura, Roberto Gigante, de soltarle la mano.

Pero a la luz de los hechos, Echarren movió primero y se llevó su bolso cargado de sueños al pago natal, al calor de la tierra materna, embelezado por el canto de sirena de los comicios que se vienen. “Tout est pardonné”, decía la icónica tapa de Charlie Hebdo, todo está perdonado. ¿Todo estará perdonado para el joven Intendente?